daño por agua
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Cuando ocurre un daño por agua, nos centramos principalmente en la urgencia. Absorber, limpiar, limitar los daños visibles… todo va muy rápido, y es normal. Pero una vez que el agua se evacua, a menudo tendemos a pensar que el problema está resuelto. En realidad, es a menudo en ese momento cuando todo comienza, porque la humedad no desaparece tan rápido como se piensa.

Las primeras acciones a implementar después de un daño por agua

Una vez que la fuga se detiene y el agua se retira, las primeras horas son esenciales. El primer reflejo es airear, tanto como sea posible. Abrir las ventanas, crear una corriente de aire, incluso si el clima no es ideal. Esto permite comenzar a evacuar parte de la humedad. Luego, es importante retirar todo lo que pueda retener el agua: alfombras, muebles en contacto con el suelo, objetos húmedos. Cuanto más tiempo permanezca la humedad, más se arriesga a instalarse en profundidad. Pero sobre todo, no hay que fiarse solo de lo que se ve. Una pared puede parecer seca en la superficie, mientras que la humedad sigue estando presente en su interior. Esto es particularmente cierto para ciertos materiales como el yeso o la madera, que absorben rápidamente el agua.

En estas situaciones, puede ser útil ir más allá del simple secado natural. Soluciones como Locasec para el alquiler de un deshumidificador después de un daño por agua permiten precisamente acelerar el proceso y actuar en profundidad, donde el aire ambiente no siempre es suficiente. El objetivo no es secar todo en pocas horas, sino evitar que la humedad quede atrapada demasiado tiempo, ya que a menudo eso es lo que crea problemas posteriormente.

reparación tras daño por agua

Los buenos reflejos para evitar la humedad y el moho

Una vez realizadas las primeras acciones, es importante estar atento en los días siguientes. Es ahí cuando los signos de humedad persistente pueden aparecer: olores a humedad, sensación de aire pesado, manchas en las paredes… son tantos indicios para no ignorar. Para limitar los riesgos, algunos reflejos simples pueden marcar la diferencia:

  • seguir ventilando regularmente, incluso varios días después del siniestro
  • vigilar los olores inusuales, a menudo reveladores de una humedad aún presente
  • verificar las zonas poco ventiladas como las esquinas de las habitaciones, los armarios o los zócalos
  • no fiarse solo del aspecto visual de las superficies, que pueden parecer secas sin estarlo realmente.

Estos gestos pueden parecer básicos, pero permiten evitar que la humedad se instale a largo plazo. Y sobre todo, evitan consecuencias más graves a medio plazo: aparición de moho, deterioro de los materiales, o incluso problemas de calidad del aire interior, como recuerda la ADEME. En algunos casos, el secado puede llevar tiempo. Es normal. Lo importante es mantenerse vigilante y no considerar que el problema está resuelto demasiado pronto. En el fondo, después de un daño por agua, el grosso del trabajo no siempre se ve. Pero eso es justamente lo que marca la diferencia a largo plazo.

¿Es necesario llamar a un profesional en algunos casos?

Incluso con los buenos reflejos, algunas situaciones pueden requerir el uso de otras técnicas. Especialmente cuando el agua ha estancado durante varias horas o las superficies afectadas son importantes, o algunos materiales son sensibles a la humedad (durante inundaciones prolongadas, por ejemplo). En esos casos, puede ser difícil evaluar por uno mismo el estado real de la vivienda. La humedad puede permanecer en profundidad, sin ser visible.

Llamar a un profesional permite entonces realizar un diagnóstico más preciso, y sobre todo adaptar las soluciones en función de la situación. No es siempre indispensable, pero puede evitar complicaciones a largo plazo, especialmente si los signos de humedad persisten después de varios días. En caso de duda, es mejor asegurarse de que el secado es suficiente, antes que descubrir el problema más tarde.

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